A partir del año 2000, cuando los psicólogos empezaron a hacer investigaciones sobre las emociones positivas, los seres humanos hemos estado más atentos a buscar promover la felicidad, la inspiración, el entusiasmo y estados de ánimo como la compasión y la gratitud.  Emociones y estados de ánimo que si nos decidimos a experimentar cambiarían no solo nuestras vidas sino la manera como nuestro círculo social interactúa al alrededor nuestro.

Hoy 14 años más tarde, estamos en un siglo lleno de tecnología, desarrollo industrial, comunicaciones globales y tantos otros mecanismos de desarrollo científico pero paradójicamente, como seres humanos, estamos más cerca a la tristeza, la depresión y a la soledad.  Por qué?.  En mi interpretación porque la tecnología puede estar apoyando estos desarrollos científicos pero no las interacciones humanas. Creo que esta tecnología está apoyando tres de las razones que nos hacen más máquinas y menos humanos: 1) La competencia que nos lleva a demostrar que somos mejores que los demás.  2) La falta de sentido y servicio social en nuestras acciones y  3) La pérdida de nuestra capacidad de asombro frente a eventos que no están bajo nuestro control.  Fenómenos que nos llevan a estar aislados, y creer que la vida, la generamos exclusivamente por nuestras acciones, y no por la interacción del ser humano con el mundo que está a su alrededor.  Lo curioso es que hay una manera fácil de combatir tristeza, soledad y depresión, y equilibrar los tres fenómenos que mencioné anteriormente: Vivir en gratitud.

Antes de empezar mi proceso como coach, solía trabajar en empresas de telecomunicaciones, rodeada de personas que, al igual que yo, pensábamos que el trabajo, la productividad y el éxito empresarial eran lo más importante.  Sin significar que fuera así, significa que esos eran los ojos con los que yo miraba el medio en el que vivía.  Creía fielmente que tener todo bajo control y exigirme más de lo que podía dar, Yo era la definición de “lo que tengo es porque me lo he luchado, me lo he ganado sola”.

En ese tiempo, los días pasaban sin mayores diferencias, obviamente la vida estaba establecida en el cuadro de control que yo había diseñado.  Yo suponía que donde había dejado la vida al cerrar los ojos por la noche,  era el mismo sitio donde la vida debía estar al abrirlos al día siguiente.  Todos los días eran iguales y aunque vivía “feliz” en mi controlado mundo, a veces era monótono, con altas dosis de aburrimiento y con la clara sensación de soledad de la que hablaba antes.

Así conocí la Gratitud.  Alguien me hablo de ella y de los beneficios que recibía día a día por permitirse solamente estar agradecido.  Debo confesar que al principio no fue un sentimiento fácil de entender, porque estaba cerrada en mi propia burbuja; luego fue un poco dolorosa porque me sentí desagradecida frente a todo lo que tenía y empezaba a ver;  pero luego después de entenderla e incorporarla, sentí que la gratitud es la fuerza que me da la capacidad de disfrutar con intensidad todo lo que tengo en mi vida y sobrellevar momentos difíciles, no porque los niegue, sino porque los puedo poner en perspectiva frente a otras situaciones de mi vida, y frente a las situaciones de vida que otros tienen.

Sé que para muchos la gratitud es un concepto relacionado con la dimensión religiosa.  Creemos que estar en gratitud es una práctica dogmatizada por las diferentes religiones.  Algunos exponen que es utilizada por las religiones para dominar a sus adeptos.  Y sin saber o querer entrar en esta discusión, mi punto es que la gratitud es una alegría incontenible que se siente en el cuerpo, que creyentes y ateos no pueden negar la plenitud que sienten en el cuerpo cuando la gratitud los inunda.  Ni podrán negar tampoco que acto seguido a la gratitud queremos relacionarnos afectivamente con otro ser humano y compartir el jubilo que estamos sintiendo.

Así que desde mi vivencia, y desde lo que he estudiado de ella me atrevería a explicar la Gratitud en tres niveles o estados de intensidad. No sin antes advertir que para sentirla hay que experimentarla de querer aprender, escuchar, abrirse al mundo y recibir.

El primer estado de la gratitud tiene que ver con dar gracias por algo que alguien hace por ti y que simplemente es la respuesta a un pedido que tú has hecho.  Esta sencilla palabra, no necesita nada diferente a la decencia que nos enseñan cuando niños. Por eso la llaman la palabra mágica, pues admite tus afectos por lo que la gente hace por ti, cuando lo has pedido.  Esta la defino como agradecer y aun cuando es el primer nivel emocional de la gratitud, abre puertas.  Nos permite ver el ser humano que hay detrás y nos da un primer grado de conexión como seres humos.  Puede ser una estancia básica de interacción, pero nos da la sensación de que hay alguien al otro lado.  La manera más fácil de reconocer este primer nivel de conexión es lo que sentimos cuando alguien no la dice; inclusive yendo más allá de lo cultural, sentimos que esa persona es grosera y no quisiéramos volver a interactuar con ella.

El segundo estado viene desde más adentro y es el sentirte agradecido.  Este nivel de gratitud, requiere un nivel de conciencia mayor y el estar abierto a ver y recibir.  El estar agradecido es el reconocimiento que sientes sobre el bienestar que alguien o algo ha causado en tu vida sin haber pedido nada, algo que te fue dado porque la otra persona quiso darte, ofreció como una parte de sí misma.  Por ejemplo, los cuidados que dan los padres, el amor y el cariño de familia y amigos, las enseñanzas de los maestros o  los triunfos de nuestros deportistas.  Este sentirse agradecido nos permite estar abiertos al amor, al compartir y al dar y recibir. Permite ver en los otros seres humanos la posibilidad de un futuro juntos y la confianza de saber que unidos logramos más.  También nos da júbilo y la necesidad de compartir más allá que un solo encuentro.  Nos sentimos más solidarios, y parte de algo que vale la pena.

El tercer nivel de Gratitud, que al comienzo nos exige un poco de asombro y desprendimiento frente a lo que vivimos día a día, no tiene que ver con un evento en particular, es más un estado de ánimo tiene que ver con estar abierto a la vida, despierto a ver y escuchar fuera de nosotros, y sobre todo dispuesto a recibir y a saber que estás recibiendo constantemente, que no estás solo y que no todo lo que tienes lo has producido tu mismo.  Este nivel de gratitud tiene que ver con reconocer 1) el ser inmenso que es cada individuo, único y especial y 2) que cada individuo forma parte de algo más grande, algo que va más allá de las acciones diarias, y que puede llenarnos de sorpresas, si tenemos los ojos para verlas.

A ese estado le llamo vivir en gratitud o vivir en estado de gracia. Que lejos de tener un sentido religioso, es una sensación espiritual de profundo recogimiento por poder recibir con cada pálpito la vida.  Saber que se está vivo y sentirse parte de una cadena vital de acontecimientos que pasan a diario sin que los estemos controlando y que pueden afectarnos positivamente.

Cuando vivimos agradecidos el espíritu de nuestras acciones es diferente pues nos sentimos en bienestar, y por ello actuamos con la intensión de que nuestros actos tengan sentido, y generen una productividad no solo económica sino de bienestar social.  Este solo efecto de la gratitud aumenta la posibilidad de relacionamiento e interacción humana, y nos permite entender que estamos en una cadena de acontecimientos.  En la gratitud las relaciones sociales ya no son tan complicadas y la interacción con otros seres humanos se facilita,  ahuyentando la soledad.  Entendemos la vida, respetamos a otros, sentimos compasión y queremos compartir más allá de lo que vivimos a diario. Nos abrimos a conocer nuevos mundos y a ayudar a que todos vivamos en un mundo mejor.

Cierro regalándoles la manera como conocí la gratitud. Una reflexión de David Steindl-Rast que dice:  “Crees que hoy es un día más en tu vida?. Hoy no es solo “otro” día más.  Es el día que te ha sido dado HOY.  Te lo han dado. Es un regalo! Es el único regalo que tienes en este momento y por ello la única respuesta adecuada es “la gratitud”… pues este día es único e irrepetible”

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