Pensando en fenómenos sociales como el Bullying y otra clase de abusos hemos visto diferentes artículos que nos cuentan como evitarlo y corregirlo, y sin embargo no hemos logrado identificar por qué hay niños que lo sufren, otros que lo producen y otros que no se ven ni siquiera enfrentados al tema. Así que la pregunta que se abre en muchos hogares hoy es: ¿por qué mi hijo es una víctima? Qué genera que sea el blanco de estos abusos, cómo puedo evitarlo y cómo puedo ayudarlo a defenderse solo, no solo para esta etapa de su vida, sino para el futuro.
Lo primero que me gustaría abordar alrededor de este tema es qué significa la palabra víctima y por qué hay niños que han desarrollado lo que Gregory Bateson llama “el doble vínculo” es decir, la relación víctima – victimario, pues lejos de ser una actividad que genera solo el victimario, la víctima no solo es parte del sistema, sino que también puede llegar a utilizar su posición de víctima para manipular o generar alguna ganancia consiente o inconsciente a su favor.
Lo que deja nos deja entrever a la víctima en su real incapacidad de hacerse cargo de una situación que le es desfavorable, y que le está haciendo sentir una insatisfacción. Usualmente son situaciones causadas por un factor externo al cual pueden presentar como el “culpable”.
Mostrando que la víctima es alguien que siente que no puede hacerse cargo de una situación y prefiere sufrir el abuso pero no el “castigo” que siente se le impone si llega a cambiarlo. Daré aquí el ejemplo de una niña que en el colegio es obligada por otra a hacer sus tareas a cambio de ser su amiga. Como ella no quiere quedarse sin amigos, accede al abuso de tener que hacer las tareas de la otra estudiante. Y aun cuando siente la insatisfacción del abuso, el dolor o el sufrimiento de quedarse apartada sin amigos la hace sentirse obligada a acceder. Poniendo todo el poder de sus actos y decisiones en la otra persona, y evitando la responsabilidad de tomar una decisión que la aleje de la insatisfacción.
Nos surge así la pregunta: ¿Por qué la niña tiene miedo a ser responsable de tomar la decisión de evitar el abuso y prefiere ceder su poder? La explicación es que la niña víctima ha sido enseñada a tener miedo al castigo por haber hecho algo, por manifestar su insatisfacción o por estar en contra de situaciones obligantes y no poder hablar abiertamente de la situación. Esto no significa que el problema se ocasiona por ponerle límites o sancionarlo, la condición de víctima se genera cuando no hay un espacio abierto, donde pueda hablar sin miedo sobre la situación y, por lo contrario, ha sido castigado sin la posibilidad de tener una conversación sobre el tema o sin la posibilidad de pronunciarse en su nombre. En ese momento la habilidad para responder (respons-habilidad) o de ponerle voz a su insatisfacción se cambia por el silencio que trae el miedo al castigo, y con ello, la conveniencia de ser una víctima. Al igualar responsabilidad, a culpa y a castigo, el niño aprende a delegar su responsabilidad en otras personas y excusarse en factores externos a sus actos y , adecuarse así, a la posición de víctima que prefiere manejar, antes de hacerse responsable.
Y aunque pareciera que caer en las manos de un bully es la peor parte, la verdad es que tener la creencia real de que no se tiene el poder de hacerse cargo de sí mismo y verse atrapado en la incapacidad de cambiar las situaciones que está viviendo, son comportamientos que le quedan al niño para toda la vida.
¿Qué es entonces lo que como padres necesitamos trabajar para hacer de nuestros hijos niños activos y responsables que no se sientan víctimas de las circunstancias o de otras personas? Escuchar, conversar, y trabajar en equipo con nuestros hijos.
¿Cómo?
Escuchando-nos cuando cerramos la comunicación, hacemos de las situaciones algo “indiscutible” o culpamos a otros de lo que nos pasa. Escuchán-do-los cuando sus frases empiezan a ser impersonales o cuando otros empiezan a tener la culpa de lo que les pasa.
Conversando: abriendo espacios donde el adulto habla y también escucha abiertamente al niño. No solo para que se sienta escuchado, sino estando abiertos a que el niño también tenga puntos válidos. Es importante que ambas partes expresen emocionalmente lo que están viviendo y que la conversación no se quede solo en un relato de hechos y culpas. Así el niño puede conversar sin sentir el miedo o la represión y aprende a tener voz propia.
Trabajando en equipo en el fortalecimiento del niño
1. Siempre dele la oportunidad de elegir, así sabrá que siempre hay opciones y que puede decidir, déjelo que asuma las consecuencias de su elección y respete lo que el niño elige.
2. Póngale límites y enséñele a ponerse límites a sí mismo. Enséñele que los límites también tienen un aspecto corporal en él; donde se para firme y con la cabeza en alto al expresar el límite. Así, él aprenderá a poder decir corporal y lingüísticamente con claridad y fuerza: NO MÁS.
3. Vivir seguro y enfocado. Trabaje con el niño cómo estar atento y seguro de lo que hace. El estar calmado y enfocado en las cosas que están pasando a su alrededor lo hace consiente y le permite escuchar cualquier situación que se presente, además de poder tomar una decisión cuando necesite actuar, en lugar de tener que reaccionar sin darse cuenta de lo que paso.
4. Apóyelo en las decisiones que tome y tenga conversaciones con él cuando las cosas fallen, sobre que aprendió y cómo puede elegir de manera asertiva la próxima vez. Esto le permitirá tener confianza en sí mismo, formar su criterio y tomar sus propias decisiones. Recalcar el error o decirle que no lo supo hacer bien solo mellará su autoestima y le impedirá que tome decisiones posteriores.
5. Enséñele a hablar por sí mismo en cualquier situación. Usar su voz en su propia defensa, le permitirá evitar situaciones en las que se vea vulnerado o abusado. Apóyelo para que hable a favor de ser incluido en grupo o en actividades que le interesen. No haga las cosas por él, ayúdelo a que él lo haga, y si es necesario preparen juntos la conversación.
6. Enséñele que todas las personas emiten juicios o ponen calificativos. Enséñele que esos juicios son un punto de vista de la otra persona y no la realidad. Enséñele a saber quién es y a estar orgulloso de lo que es y de lo que hace. Así sabrá quién es, de qué es capaz y podrá defenderse con tranquilidad de los juicios ajenos. Y nunca por ninguna razón le ponga usted un calificativo, el niño le creerá.
7. Cuando pida ayuda, créale y acuda siempre. Enséñele a ser persistente en ser escuchado cuando pide ayuda.
8. Comparta con él juegos creativos e imaginarios, así le enseñará a crear sus propias posibilidades y a no juzgar lo que construye. Esto le enseñará al niño que nunca está atrapado en una situación, sino que él mismo puede crear muchas posibilidades alrededor de cada situación.
Y por último, acompáñelo con su amor, ternura y ejemplo.

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