Hace un par de años, cuando no estaba consciente de que tenía cuerpo, estuve en un taller de conciencia femenina. Espacio que consistía en tomar conciencia de lo que era ser mujer.

Uno de los días de taller, exploramos, a través de meditaciones y visualizaciones guiadas por una mujer fantástica, la experiencia de sentir dentro de nuestro cuerpo, la vida de un nuevo ser. Para aquellas que me leen que son mamás, la invitación es recordarlo, pero para aquellas que aun no lo somos, la invitación es visualizar vívidamente la vibración, la respiración, la existencia de este ser dentro del tuyo.

El viaje que hicimos mental, corporal, emocional y espiritualmente, creo que sería difícil de repetir, pues fue una de las sensaciones más intensas que he tenido en mi vida. Fue un espacio de extrema sensación corporal, de aceptación de mi anatomía y de celebración de mi género. Un episodio que me hizo entrar en conciencia de mi cuerpo y sus capacidades.

Parte de los pensamientos y sensaciones que me acompañaron, los escribí hace muchos años y pertenecían al muy profundo espacio de mi intimidad. Sin embargo ya que últimamente he estado conversando de lo que significa ser mujer, mamá y pareja con varias de mis amigas, entendí que estas experiencias no fueron solo mías, sino que le pertenecen a todas aquellas que estén en el camino de conocer su cuerpo de mujer.

Febrero 2 / 2009
Aceptar mi ser cambiante, camaleón, y contradictorio fue el primer paso de esta noche llena de preguntas. Acepté también la profundidad y el consentimiento como componentes de mi forma de habitar el mundo, y la alegría como mi expresión principal de agradecimiento a la vida y de mecanismo de interrelación con el otro.

En el primer momento de la visualización, reconocerme en cada una de las mujeres que me rodea, me ayuda a ver la diversidad del ser humano y a verme a mí misma como un ser hermoso. Luego cuando nuestra guía nos pide visualizarnos embarazadas, llega una conexión inmediata con Luna, mi hija, la hija que aun no tengo, y que sigo esperando. Desde el primer momento en que la voz de nuestra guía reclama su presencia, ella se mueve a mi vientre y lo hace su casa, amorosamente lo adapta para que ella y yo estemos compenetradas y cómodas, ahí en ese cuerpo ella tiene todo lo que necesita… y desde ese momento solo puedo pensar en la maternidad como ABUNDANCIA, en ríos que salen de un cuerpo grande, redondo, fértil. Salen flores, frutas, agua, sangre, leche… diversión y protección se convierten en nutrición y el desborde de colores vuelve a salir.

Siento que este cuerpo que me dieron, este cuerpo de mujer, siendo o no siendo madre, estando o no estando embarazada es un río de abundancia, de vida, de posibilidades. No solo posibilidades porque puede dar a luz, sino de posibilidades porque es mío y yo comando este vehículo único y perfecto que me han dado. Vehículo fantástico.

Al finalizar la meditación, llega a mi mente la imagen de una mujer sentada en la tierra, acogida, dispuesta a devolver con ríos de dolor y vida, lo que la tierra le ha dado. Nutre y deja nutrir. Y su cuerpo, cada parte de él, se convierte en parte de la tierra nuevamente. Y hay una danza de nutrición (dar y recibir) de la una a la otra.

Al moldear esta imagen en plastilina, la experiencia me trae pensamientos que han estado rondando mi cabeza en los últimos días, y que han llegado por experiencias que he tenido con hombres y mujeres por el solo hecho de sentirme dueña de mi cuerpo, por mostrarlo, exponerlo, habitarlo, sentirlo bello, entero, poderoso y lleno de vida incontenible, sensual, vibrante. Y mi pregunta es por qué cuando un ser humano se da cuenta de que su cuerpo es su cuerpo y de que lo mueve y lo vive con seguridad, sin importar miradas y juicios, la libertad de habitar ese cuerpo a su gusto se convierte en un peligro para otras y deseo para otros ?

Entiendo que no nos han enseñado a vivir y a ser dueños de nuestro cuerpo y que al ver un ser que lo hace libremente, la mente no entiende y las emociones emanan y los seres se dejan cautivar y seducir sin entender y se pierden bien sea en la agresión, el amor, el deseo, la envidia o la confusión.
Mi otra pregunta es quien nos habrá enseñado a no ver la belleza de nuestros cuerpos, y la belleza de los cuerpos ajenos, quien monto estereotipos de si tengo más o menos, de si soy más o menos y si debo o no adaptarme a lo que dicen, y pienso que desde nuestros ancestros el tema de la aceptación por una comunidad y una tribu cuestiona nuestros estándares, para no sentirnos alejados y por ende amenazados para la muerte, como nos contaba María Antonieta.

Nunca he sido amante de la cirugía, y ahora me cuestiona aún mas, como lograr hacer que mujeres y hombres entendamos la hermosura y perfección de nuestros cuerpos como vienen, ese vehículo divino ha llegado a nosotros como debe ser, y es perfecto como es. Por qué, sobre todo, nuestras mujeres han decidió pensar que sus cuerpos son de otros y por ello deben verse como los otros lo dictan y no como ellas lo sienten?. Qué hacer para lograr que esto sea de conciencia “pública”?. Qué hace falta para que estas mujeres que dudan de la perfección de su cuerpo se concienticen de su propiedad?. Cómo lograr multiplicar esta emoción de ser la dueña de cada una de mis células, y poder disfrutarlas? cómo lograr hacer pública esta necesidad de que las mujeres vuelvan a sus cuerpos, vuelvan a adueñarse de sí mismas, de sus cuerpos y gozarlos y divertirlos y cuidarlos?, cómo enseñarles que esto es una decisión que hacemos todos los días?

No importa lo coqueta, sensual, compleja o simple que seas, tu cuerpo es tuyo y es tan respetado como tú lo desees. Y aunque afuera no entiendan la fuerza interior que te da este sentimiento de propiedad sobre ti misma, lo importante es que tengas la información necesaria para que tú lo puedas entender y hacer respetar. Seguro tendrás que decir mil veces “no” a las ofertas que te hagan, otras miles dirás: “no me entendiste”, otras miles te confundirás y cederás, pero seguro miles y miles de veces más lograras sentir la inmensa felicidad de poder vibrar libremente y a tu ritmo en tu propia piel.

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