Antes de empezar mi proceso como coach, solía trabajar en grandes empresas de telecomunicaciones, donde estás rodeado de personas muy inteligentes que lo tienen todo claro, y donde el trabajo, la productividad y el éxito empresarial son lo más importante. Y Cuando digo que este era el mundo en el que vivía, no significa que así era, significa que esos eran los ojos con los que yo miraba este medio, pues mis ojos estaban llenos de control, de exigencia sobre lo que yo creía que era justo o injusto, de la batalla contra la angustia, y la arrogancia de saberlo todo. Yo era la definición del “yo me gano la vida” y “lo que tengo es porque me lo he luchado, me lo he ganado sola”.

En ese tiempo, los días pasaban sin mayores diferencias, la vida estaba establecida. Yo suponía que donde había dejado la vida al cerrar los ojos por la noche (si los cerraba) era el mismo sitio donde debía estar al abrirlos al siguiente. Todos los días eran iguales a menos de que ocurriera algo extraordinario. Aunque vivía feliz en mi controlado mundo a veces era monótono y con altas dosis de aburrimiento.

Con el pasar de los días en los cursos de coaching, y mucho más sensible a aprender y escuchar, empecé a conocer gente y conceptos que no estaban en mi círculo de control y a reconocer que había muchas formas a mi alrededor diferentes al pequeño mundo laboral en el que me había encerrado. Cada persona traía consigo un concepto nuevo, un conocimiento, una experiencia, una mirada, una palabra y una emoción que yo no conocía. Así que lentamente me permití abrirme a todas esas nuevas experiencias y al poder del recibir.

Así conocí la Gratitud. Debo confesar que al principio no fue un sentimiento fácil de entender, porque al estar cerrada en mi propia burbuja la ceguera frente a los beneficios de un mundo diverso era grande; luego fue un poco dolorosa porque me sentí desagradecida frente a todo lo que tenía; y hoy, luego de haberla entendido e incorporado, siento que la gratitud es la que me da la capacidad de disfrutar con intensidad lo que tengo frente a mis ojos.

Desde esta vivencia me atrevo a decir que la Gratitud tiene tres estados o tres gracias y que para conocerla hay que experimentar la vida sobre las cuatro palabras que resalte anteriormente: aprender, escuchar, abrir y recibir.

La primera, de esas tres gracias, tiene que ver con dar gracias por algo que alguien hace por ti y que simplemente es la respuesta a un pedido. Esta sencilla palabra, no necesita nada diferente a la decencia que nos enseñan cuando niños. Por eso la llaman la palabra mágica, pues admite tus afectos por lo que la gente hace por ti. Esta la defino como agradecer y aun cuando es el primer nivel emocional de la gratitud, abre puertas.

La segunda viene desde más adentro y es el sentirte agradecido. Esta exige la conciencia o el reconocimiento del bienestar que alguien o algo ha causado en tu vida, algo que te fue dado porque la otra persona quiso darte y eso te cambio: por ejemplo, los cuidados que me dieron mis padres, el amor y el cariño de mi familia y amigos o las enseñanzas de mis maestros. Este sentirte agradecido te permite estar abierto al amor, al compartir y a la bendición de dar y recibir a quienes están a tu alrededor. Te permite ver en los otros seres humanos la posibilidad de un futuro juntos y la confianza de saber que unidos logramos más.

La tercera tiene que ver con estar abierto a la vida, despierto a ver y escuchar, y sobre todo dispuesto a recibir y a saber que estás recibiendo constantemente. Esta gracia tiene que ver con un reconocimiento real de ese ser inmenso que somos en nuestro interior y ese formar parte de algo más grande que nosotros mismos, algo más grande que la especie humana y que nos llena de sorpresas con cada respiración. A ese estado le llamo vivir en gratitud o vivir en estado de gracia. Que lejos de tener un sentido religioso, es una sensación espiritual de profunda recogimiento por poder recibir con cada pálpito la bendición de ser parte de una cadena vital de acontecimientos que nos hacen grandes, únicos. Este estado de gracia te da la conciencia de sentirte parte de un universo perfecto, de estar unido a un organismo vivo, inagotable, de grandeza infinita, y que solo por ser parte de él, te hace maravilloso.

Este estado de gracia me ha dado la capacidad de vivir en el presente y de disfrutar del valor del momento que está pasando en este mismo instante y poder disfrutarlo plenamente porque es único e irrepetible.

Creo que todos los días sigo aprendiente más y más de la Gratitud. Hoy la comprendo mejor y la vivo más, y sin embargo creo que aun puedo ir mucho más adentro de esta emoción. O por lo menos eso fue lo que sentí al ver el video que aquí les dejo, y que me permitió ver desde los ojos de estos personajes lo que estar agradecido y abierto a la maravilla del mundo significa.

Pido disculpas porque la versión que tengo es una versión en inglés, sigo buscnado una con traducción.

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