Desde mediados de año para acá, he estado expuesta a las acciones provocadas por la pasión de los seres humanos: La estuve viendo con admiración en los Olímpicos, la sentí en la temporada de Beisbol de los Estados Unidos pero la he vivido día a día en las últimas tres semanas con un programa de televisión que busca nuevas Voces para que sean futuros ídolos de la música.

Debo confesar que el programa me tiene enganchada, no me pierdo uno solo de sus capítulos, capítulos que además debo buscar en diferentes páginas en internet, porque el canal no me lo deja ver aquí en Estados Unidos. Lo miró con dedicación todos los días, adelanto y atraso la actuación de cada participante porque no quiero perderme un solo segundo.

Yo no suelo ser fan de este tipo de programas, y no entendía porque me tenía tan enganchada, hasta que ayer por fin lo entendí: la razón es simple y es que el programa me estremece; me eriza, me embriaga con una de las emociones de más alta vibración en este planeta: LA PASIÓN.

Esta emoción, que gracias a nuestra naturaleza todos tenemos y somos capaces de sentir. Esta emoción intensa de por sí, que nos llena de entusiasmo, de deseo y que nos permite palpitar al ritmo del universo y de la danza de nuestros corazones. Esta emoción en la que nada más importa excepto por lo que estamos apasionados, donde el tiempo no existe cuando estamos viviendo nuestra pasión, esa actividad que tiene prioridad recurrente y que ocupa todos los niveles de nuestra importancia. Esa emoción que nos cambia y que nos ayuda en arduas jornadas de aprendizaje. Esa emoción que nos define en la vida y que nos permite vivir con excitación. Esa emoción que nos permite definir nuestro propósito y nos deja vivir una vida llena de placidez y arrebato por lo que hacemos.

Esta es la razón por la que no me puedo perder este programa, porque lo siento lleno de vida, de delirio, de entusiasmo. De entrenamientos vehementes para ser mejores, de frenesí por mostrar lo mejor de cada uno, de entusiasmo por ser el elegido. Verlos llenos de pasión por lo que hacen, es como verlos pasearse por un mundo que está mas allá de lo que los demás estamos viviendo. Es como si llevaran en ellos un mundo propio. Un espíritu brillante, completo, Grande. Un espíritu que celebra la bendición de vivir y de hacer lo que hacen.

Cuando los veo en la acción de su pasión, abiertos y expuestos, siento que no son capaces del egoísmo o la envidia, los siento y los veo tan integrados que mi piel se eriza y el cuerpo se me estremece, y es curioso sentirlo, porque siento como si fuera un don para reconocer la bendición de ese que está ahí, y no creo que me pase solo a mí, creo que todo podemos reconocer la pasión del otro, por ese estremecimiento que la entrega del espíritu vibrando en la pasión nos deja.

En el diccionario la pasión está definida como inclinación intensa o sufrimiento, y viendo el programa creo que lo entiendo, porque me siento llena de felicidad inconmensurable cuando ganan y siento el dolor y la decepción por ser rechazados, tanto que la vida pierde sentido. Ambos lados de la emoción, que no tienen palabras para los espectadores, solo puede ser expresada por nosotros en lágrimas, en la una o en la otra. Es como subir al cielo o como bajar al infierno. Es la puerta perfecta al asombro, la admiración y la inspiración en un caso, o el sufrimiento y el dolor intenso en el otro.

Al verlos hoy, mil y una vez, porque repetí cada capítulo de las famosas batallas, mientras buscaba las palabras exactas para poder decirles lo que me pasaba con esto de la pasión, no pude menos que pensar en los momentos en los que he vivido imbuida por ella, y puedo decir que aquellos momentos que he vivido de la mano de la pasión me han quedado grabados no solo en la memoria, sino también en la piel, que es como otra memoria, pero una memoria diferente. Quedan grabadas en una atmósfera especial, en un sitio que no pertenece al mundo normal, sino a una vibración emocional muy alta. Es como si quedaran en unos libros celestiales, especiales para los momentos sagrados. Momentos que tocan no solo al que los vive sino a quien los ve vivirlo. Es una vibración tan alta, que nos hace subir energéticamente a todos. Por eso vivir en espacios llenos de apasionamiento y delirio por lo que hacemos, nos ayuda y nos contagia al bienestar de nuestro espíritu, nos contagia a dar, a servir y sobre todo a vivir con intensidad.

Ahora bien, Cuando nos damos permiso de vivir apasionados ejercemos la capacidad de liberar energía, de hacer cosas que normalmente no creemos ser capaces de ser, no hay egoísmo, no hay tapujos, no hay límites solo hay ganas de vivir, porque cada vez que lo ponemos en acción nos permitimos ver lo grandes que somos, nos damos cuenta que podemos aprender más y podemos dar mucho mas de nosotros. La Pasión nos hace vernos diferente, más grandes, porque es como si nuestro cuerpo supiera que hacer, es un estado del ser en el que el espíritu timonea un cuerpo integrado a la emoción y en el que la mente es capaz de dejar de bombardear con dudas y te permite actuar libre y espontáneamente. Creo que a esto es que algunos le llaman la integración de la mente y el corazón.

Muchos dicen que la pasión tiene que ver con nuestro propósito en la vida con la razón por la que vinimos al mundo, nuestra bendición, nuestro vivir en plenitud, para lo que estamos diseñados. Y si me preguntan a mí creo que así es, creo que así se siente y así lo veo y lo siento en otros. Y aunque el miedo siempre nos acompaña cuando nos dejamos llevar por la pasión de lo que hacemos, volamos.
Si les digo la verdad, y pareceré comercial de televisión, me disculpan, no vale la pena vivir sin ella, pues cuando estamos viviendo un momento de pasión, dejas de ser tú para convertirte en la corriente de la vida misma. Hay energía, electricidad y magia. Nos llenamos de algo que nos da la capacidad de ser, hacer y cuidar lo mejor de nosotros mismos y de los otros.

Uno de los asistentes a un taller donde hablábamos de la pasión, me decía que él no tenía ninguna, que cómo se daba cuenta de cuál era su pasión.
Mi recomendación fue:
- Hacer tres respiraciones profundas
- Conectarse con los latidos del corazón
- Y traer a la mente los momentos en que había sentido un dolor desgarrador, una decepción profunda, el dolor o el sufrimiento de perder una gran oportunidad o bien una felicidad incontenible, o una libertad sin límites.
- Una vez revisadas las emociones, que identificara cuanto tiempo era capaz de dedicar a eso que lo hacía tan feliz.

Así sería como podría reconocer la pasión o empezar a explorar sus caminos.

Por eso si aún dudas de tu pasión, pero has sentido alguno de estos momentos, sigue escarbando por ahí, que sin duda encontrarás un camino al éxtasis.

¿Realmente estás haciendo lo que te apasiona? (Video)

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