Todos y cada uno de los atletas de las olimpiadas me tienen alucinada, emocionada y por supuesto inspirada.  Su tenacidad y la demostración de fuerza, manejo emocional y despliegue corporal son un deleite para los ojos y el espíritu.

Hay entre ellos uno del cual no sé mucho, pero al verlo puedo saberlo todo.   Es el sudafricano Oscar Pistorius, primer atleta doble amputado que es aceptado en unos Juegos Olímpicos y no en los paralímpicos.  Dejando claro que entre la tenacidad de los atletas no hay diferencias.  Las piernas son sus herramientas para mostrarlo, pero siendo de carbono o de carne y hueso, todos son iguales en su tenacidad, coraje, fuerza y valentía.    El cuerpo es un vehículo que le permite a nuestro espíritu tener experiencias.  La capacidad o incapacidad está en nuestra mente, no en nuestro cuerpo.

Los que están en esta competencia son los espíritus, no los cuerpos, y cuando del espíritu se trata no hay  discapacidades.

Amo su capacidad de luchar por demostrar  que todos somos iguales y hacerlo valer.  Y además por el ejemplo que nos da a todos, inclusive a los que tenemos piernas y no las usamos.  Realmente nos pone a todos en perspectiva.

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