Como espíritus encarnados que somos, es decir humanos, tenemos un poder inigualable frente a otras criaturas espirituales y es nuestro propio cuerpo.  Este cuerpo que además de ser vehículo de nuestra alma es sensor, antena, ejecutor, aprendiz, y banderas (rojas o verdes) de nuestro estado emocional, físico y mental.  Todo lo que somos, hacemos y pensamos se refleja en el cuerpo.  Todo lo que queremos experimentar como espíritus, lo podemos hacer a través de nuestro cuerpo y viceversa.

Culturas como la budista zen, la maya y la católica, entre otras, dicen que todo lo que hacemos sale bien cuando mente y corazón están alineados.  Hablan de los caminos del corazón, de la ley del amor y de la armonía eterna y en efecto es verdad, cuando logramos tener corazón y mente alineados, nuestras decisiones son más leales a lo que somos.  A ésto yo le añadiría que también es necesario alinear el cuerpo.

Cuando mente y corazón están alineados solo podemos darnos cuenta de que está sucediendo, a través de la certeza que nuestro cuerpo nos deja sentir con respecto a esto que llamamos equilibrio o armonía.  Sabemos que está sucediendo por la sensación de seguridad y la capacidad de acción que se deriva.

Por esta sensación de serenidad, armonía, equilibrio como la quieras nombrar, este liberador “estado mental” como le dicen los psicólogos, es la razón por la que muchos utilizamos la meditación.  Para lograr integrar mente, corazón, cuerpo y espíritu. Para lograr estar atentos, despiertos, conscientes, PRESENTES.

La razón por la que yo medito, es porque mi mente toma el control de mis juicios y acciones, y guía mi vida desde el pensamiento pero deja de lado el sentir y el cuerpo, generándome desequilibrio, somatizaciones  en el cuerpo y angustia emocional.  Para volver al equilibrio,  al centro, yo personalmente sigo tres pasos:

-   Recuerdo lo que me importa en la vida: la razón por la cual existo y la razón por la que hago las cosas.

-   Me acuerdo de respirar profundamente 2 o 3 minutos, varias veces al día

-   Y Meditar.

Hoy en día medito de diferentes maneras, y depende del tiempo que tenga.  Si tengo solo unos minutos hago un centramiento desde mi corazón respirando profundo dos o tres minutos, otras respiro profundo revisando en mi cuerpo tensiones para dejarlas ir, a veces rezo, utilizando las oraciones como mantras, hago visualizaciones, o bien utilizó música e imágenes y me quedo viéndolas mientras respiro.  Pero cuando tengo tiempo Danzo.   Utilizo mi cuerpo como un vehículo para generar la liberación que necesito, para expresar las emociones en las que estoy (sin importar las que sean) y le permito a mi cuerpo la plasticidad, el movimiento libre, la visualización de imágenes, la respiración profunda y acelerada, la conciencia de cada parte de él  y el mando sobre lo que está pasando.  De manera que mi mente cede y cada vez, con mayor tranquilidad, va soltando el control y deja que mientras el cuerpo se mueve, las emociones salgan a flote.  No recuerdo una sola vez que haya danzado y no haya logrado sacar lo que me tiene congestionada y encontrar centro, equilibrio y paz.  De hecho mis ideas se vuelven mas claras y concretas.

Yo danzo, pero sé de otros que logran integrar sus cuatro cuerpos de otras maneras: trotando, corriendo carros, pintando, dictando una charla o una clase, caminando la montaña.

Lo importante de meditar finalmente es que identifiques cuál es esa actividad que te permite centrar tus cuatro cuerpos y conseguir el estado mental de equilibrio, ese en que conocemos la certeza, ese en el que nuestra intuición nos ayuda a seguir los pasos correctos, ese que nos abre las puertas a las realidades que queremos conseguir.

Lo impórtate para poder entrar en un estado meditativo es:

  1. Encontrar esa actividad que te permite soltar tu mente. (el descontrol de ideas que van llegando, va cediendo con el tiempo)
  2. Estar consciente de que respiras y estás vivo, presente.
  3. Saber que estás en un “estado mental” de equilibrio.
  4. Que las acciones de tus emociones y tu cuerpo, están alineadas con tus pensamientos.
  5. Que te deje esa sensación de paz interior y certeza.
  6. Que te permita largos periodos de atención y presencia en el hoy
  7. Y por último practicar, para generar el hábito y cada vez sea más fácil.
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