Llegue a la danza después de mucho tiempo de buscar e intentar maneras de relajar mi cuerpo y llevarlo al equilibrio.

Danzar es una de las meditaciones activas que conozco, aunque sé que hay muchas más que no he experimentado, pero danzando encuentro una fuente de expresión y equilibrio, un foco y una armonía mayor que en las meditaciones pasivas y que otras activas que he practicado.  Sé que esto tiene que ver con que por ser occidental, y por ende más cerebral, las meditaciones pasivas se me dificultan más ya que la cabeza no quiere perder el control.  Pero también sé por mi experiencia que en la medida en la que practico las meditaciones activas, las pasivas se me han venido haciendo más fáciles.
¿Cuál es la diferencia entre unas y otras? que en las activas el cuerpo es el vehículo por el cual nuestra mente se aclara y las emociones entran en alineación con nuestras acciones, pensamientos y expresiones.  A través de los movimientos del cuerpo, bien sean aprendidos como en el chi kung o en el tai chi chuan, o libres como en los diferentes tipos de danza,  y la respiración consciente.

Por su parte las meditaciones pasivas buscan aquietar el cuerpo y a través de la respiración profunda, blanquear la mente de pensamientos o imágenes (excepto por las visualizaciones), para entrar en calma y paz general.

Por mi experiencia prefiero las danzas de movimientos libres, que permitan la expresión espontanea de mi cuerpo, mis propios movimientos y la exploración de movimientos nuevos.   En este tipo de meditación genero una conciencia corporal que acalla la mente “loca” o de pensamiento desordenado y empieza a alinearse con mis emociones que van saliendo tranquilas a expresarse.  Hasta que en un momento la cabeza logra aclararse o tener visualizaciones vívidas, mientas el cuerpo guía la experiencia o bien sigue las meditaciones.

No hay un camino de meditación mejor que otro, por mi parte prefiero las meditaciones activas, ya que no tengo la disciplina para tener mi cuerpo quieto durante largo tiempo, aunque hoy puedo hacerlo.  Mi mente en lugar de aquietarse,  se desesperaba,  se volvía loca y me llovían pensamientos, canciones, tareas por hacer etc.  Hoy después de varios años, las meditaciones pasivas me son más fáciles ya que las he trabajado recurrentemente y aún así en algunos estados de ánimo me cuestan trabajo.

Con las meditaciones activas, y con el cuerpo como facilitador, puedo lograr mayor expresión y desenvolvimiento, logro tener visualizaciones, es decir imágenes vividas traídas por mi mente, por  mi espíritu o mi instinto, no sé, pero las siento vivas y es más fácil para mí conectarme.  De hecho su práctica me ha ayudado a lograr mayor tiempo de atención en los momentos de meditación pasiva.

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