Celebrar cuarenta años, es en mi país, un momento de celebración importante,  la gran mayoría lo hacen de manera estruendosa, comprándose lo que siempre han querido y otros con cambios de vida  desencadenados  por el famoso “the midlife crisis” o “Crisis de los 40”.

En mi caso el día de mi cumpleaños 40 que fue el 5 de julio del 2011 no fue nada estruendoso, o de gran celebración, de hecho fue bastante callado en familia, como un cumpleaños normal.   Sin embargo parece que ese día se hubiera abierto una puerta de dimensiones increíbles, hacia un año completo de celebraciones, cambios, aprendizajes, visiones increíbles y revelaciones entre otras cosas;  con un cierre, además,  de cumpleaños 41 inolvidable al lado de mi familia en San Francisco: Santi, mi esposo, Cata y Sergio.

Pero no fue sino hasta que vi las fotos y los videos de la celebración de 41 años, que entendí todo lo que había pasado en el año 40, porque en realidad cuando alguien me preguntaba cómo había sido la fiesta de 40 años, siempre decía que no había hecho nada, pero al sentarme y mirar hacia atrás vi que había celebrado con algo más que una fiesta estruendosa.

En este año cuarenta me casé.  Me casé por segunda vez en mi vida, y no me casé una sino dos veces, una vez por la ley del amor en Bogotá a través de un ritual diseñado por mi esposo, dos amigos entrañables y yo, y otra vez en San Francisco, por la ley del estado de california, que me permitía quedarme en el país para poder estar al lado de Santi.

Así que en este año cuarenta, también cambie de casa, me mude a San Francisco aunque en estos 40 años, nunca había vivido en un sitio diferente que la ciudad donde nací.

Para poder irme a vivir fuera de mi casa, necesitaba estar un poco más ligera de equipaje, porque no era posible mudar mis cosas de Bogotá, así que desbaraté 40 años de vida transformados en cosas: seleccionando, vendiendo, regalando, embodegando, y finalmente trayendo solo unas pocas conmigo.

Estar en esta ciudad nueva, por primera vez, fuera de mi ciudad, ha significado rehacer todas y cada una de mis practicas de vida.   Todo lo que era automático y transparente para mi, necesite diseñarlo y aprender a hacerlo de una manera diferente, todo un juego de nuevas prácticas y hábitos.

Gracias al cambio varias cosas fueron consecuentes:

-          Dejar  a mi familia pues siempre había vivido cerca de ellos,  pase todas las fiestas navideñas,  sus cumpleaños, y cada fecha importante lejos de ellos.  Comunicándome por skype y por teléfono, gracias a una tecnología que si comunica pero acelera la ansiedad de la lejanía.

-          Dejar  a mis amigos, compañeros de camino, redes de ayuda, contactos, relaciones y entendí  el precio de la distancia y el valor de la presencia física.

-          Dejar mi trabajo y con él,  un ritmo acelerado de trabajo de 17 años.

En fin, deje, deje y deje de ser, estar y hacer lo que venía haciendo por 40 años de vida y entre a conocer una nueva cultura, diferente de la mía, que no solo es la cultura norte americana, sino una combinación de culturas orientales y centroamericanas,  porque San Francisco es como un epicentro cultural y de diversidad.  Así que cuando digo que entre a un nuevo mundo no solo me refiero al mundo exterior sino a mi nuevo mundo interior, donde lidiar con estados de ánimo variables donde primaban el de inseguridad y desconfianza que me permitían solo querer estar metida en mi botella –apartamento- (como decía mi esposo en broma), porque la sentía como el único sitio seguro.

Luego viaje a Bogotá, y entendí que mi sitio ya no era Bogotá, aunque mis afectos vivieran allá, sino que estaba en San Francisco, en este “nuevo mundo”, lleno de oportunidades, de diversidad, de espacio a lo desconocido.  Ahí mi  switch cambio y empecé a ver que lo desconocido que me producía angustia e inseguridad estaba lleno de novedad y oportunidad para aprender y ampliar mi mirada sobre el mundo y como actúo en él, quien soy en él.  Y estrene mis ojos a una nueva forma de vivir y ver lo que me estaba pasando cada día.  Todo era nuevo.

Desde ese punto de vista la ciudad me ha traído cosas sorprendentes, y lo más importante es que he aprendido los pasos para navegar en lo desconocido:

-          Aceptar el punto de partida en el que estoy, punto de partida en el que necesito aceptar que estoy en una situación completamente desconocida y nueva, que no tengo el control de la situación y necesitaré la orientación y ayuda de otros.  Pedir y recibir ayuda son pasos difíciles pero fundamentales en una situación así .

-          Soltar mi ciudad y mis estándares, soltar lo que sabía, y empezar a mirar y escuchar el entorno y su forma de actuar.

-          Cerrar mi pasado (mi ciudad) con la tranquilidad de que estoy abriendo nuevas puertas.

-          Fijarme pequeñas metas o pequeños pasos que no me permitan errar y me lleven a la frustración. Y además permitirme probar, hacer, sentir y ser diferente; hacer cosas nuevas sin miedo a la posibilidad de errar, perderme, tener que pedir ayuda etc.  Aquí fue fundamental mi capacidad de reírme de mi misma.  Porque seguro en el afán del miedo hice mil torpezas, no leer bien, tomar el camino que no es correcto, hice las cosas más difíciles por falta de información…en fin

-          Revisar mi estado de ánimo frecuentemente, ya que el estado del ánimo de afrontar una situación nueva no puede ser la frustración o la exigencia, sino el asombro, la humildad y la compasión de sí mismo.

-          Reconocerme los pequeños logros cuando empiezo a conocer, reconocer o adaptarme

-          Retarme a hacer nuevas cosas.  Cada promesa cumplida es el camino de poder hacer una nueva promesa, más grande.

-          Y sin duda, cada cierto tiempo, estar mirando hacia atrás para revisar lo que se ha avanzado. Esa sensación de logro, que está hecha de muchos logros pequeños me permite darme cuenta de lo que he crecido este año, y lo que he logrado.   Porque el camino largo esta hecho de pequeños pasos.

Ahora que me siento a hacer el recuento, sin haber contado cada detalle y seguramente habiendo olvidado algunas cosas importantes por mencionar, me doy cuenta de todo lo que he hecho en mi vida en este año, cada objetivo logrado, cada promesa hecha y cumplida, cada emoción sentida, cada aprendizaje, y cada persona que me acompañó.  Ha sido un año 40 lleno de cosas INCREIBLES,  Cada día fue una celebración, porque me dio algo nuevo, un aprendizaje, un quiebre para superar, una nueva idea que vivir, una persona nueva con quien compartir y una razón mas para amar.

 

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Algunas de las cosas que no mencioné y que viví en este año, además de las contadas.

-          Vi la gran luna del 5 de mayo, amarilla y radiante, gigante sobre San Francisco.

-          Vi a Venus pasando valiente frente al sol con las radiografías de mi garganta.

-          Compartí  6 meses de vida, con mi prima de 21 años a quien no conocía aun cuando vivíamos en Bogotá toda la vida.  Conocí  también a mi primo, menos tiempo pero suficiente para adorarlos ahora y entender el lazó de amor y sangre.

-          Conocí una nueva forma de danza y de entender mi cuerpo

-          Empecé a leer en inglés… y de hecho a entender lo que leo.

-          Me acerque a la cultura latinoamericana y a esas personas que arriesgan la vida cruzando la frontera por un futuro mejor para sus familias.

-          Estoy aprendiendo a comunicarme en un nuevo idioma

-          Hice un curso de liderazgo a distancia durante 12 meses.  Eso y mi Coach, me ayudaron a lograr el cambio de vida en paz.

-          Aprendí qué es lo que me importa en la vida, que cuando cumples promesas pequeñas puedes ponerte unas más grandes, que mis estados de ánimo lideran mis objetivos,  hacer planes son promesas pequeñas, y que los pequeños pasos hacen caminos largos.

-          Estoy conociendo el mundo de aquellos que trabajan sin ánimo de lucro, por la tierra y por otros, de verdad.

-          Me reencontré con grandes amigos, gente que no veía hace más de 25 años y que resultaron viviendo en SF.  Me los encontré gracias a la ley de los 3 grados.

-          Entendí los límites de la amistad, y lo que son las amistades llenas de amor y las amistades a distancia.

-          Me di cuenta que tengo hipotiroidismo.  Lidiar con todos los síntomas no fue fácil,  en medio del cambio o tal vez provocada por el cambio?.

-          Fui más veces al médico que en toda mi vida.

-          Me dieron la green card, y no lo digo por el papel, sino por el proceso por el que tuvimos que pasar para tenerla.

-          He lidiado con el cambio de comida  y con el cambio de peso, y con los cinco ingredientes de la comida gringa que son un desastre para mi dieta.

-          Pasé de caminar en tacones a caminar en zapatos planos, cambio que me produjo un daño en la rodilla y en el talón, que me dejó una ida al médico y una infiltración con cortisona.

-          Entendí que estar en SF tiene un sentido que aun no comprendo del todo.  Ya sé por qué me pusieron aquí,  porque hay una razón, y creo que tiene que ver con un pueblo latinoamericano trabajando unido por una vida mejor.

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