Hacer una lista de miedo es uno de los primeros ítems que esta bendita lista debe tener, ese es un buen comienzo, y es que hacer el ejercicio de recorrer tu alma, tu cuerpo y tu mente en búsqueda de todas aquellas cosas, situaciones, sensaciones que te dan miedo; se necesita valentía : 1) para reconocer que te da miedo, 2) ser sincero contigo y aceptar que “eso” si te da miedo  3) sostener una imagen en tu cabeza y dejar que ese frio helado del miedo te recorra mientras te das cuenta que “eso” te da miedo y 4) sostener el ejercicio durante una o dos horas sintiendo el escalofrío del miedo… todo eso da miedo.

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Sin embargo, yo que no había hecho una lista de miedos, porque me siento bastante valiente (después de haber sido la más cobarde de todas), creía tener los grandes temores bien identificados y los pequeños manejados,  así que esta fue una lista que se fue creando de manera fluida, con par de actualizaciones, y en realidad tomada en serio pero a la ligera.  Traté de hacerla lo más completa posible, así que puse miedos de todos los tipos para estar segura de que no se me hubiera olvidado nada, al final quedé contenta y tranquila de haberla hecho, completa y sin mayor preocupación por tenerlos, solo sabiendo que están ahí y que de algo me cuidan.

Una vez hecha la lista hable con mi coach, y aquí fue cuando empezó el padecimiento ya que me explicó lo que era una lista de miedos, me hizo leerla una y otra vez haciendo que estos pasaran y recorrieran cada pelo de mi cuerpo, cada poro y sobre todo cada pensamiento de futuro.  La sensación del cuerpo luego de haber recorrido la lista con los sentidos, fue otra cosa: dolor, fragilidad, vacío, escalofrío, tristeza, rabia y llanto fue lo que expreso mi cuerpo sin ninguna intensión, cada una de estas sensaciones se empezó a disparar de manera automática como si mi cuerpo y mi espíritu supieran más que yo de que se trataba todo esto.

Mi cabeza recorría un listado de miedos sabidos mientras la sensación de mi cuerpo era de pequeñez y desprotección total, abandono y sobre todo de no querer estar ahí porque el paso siguiente era la destrucción de mi ser.

Aunque al hacer la lista creí tenerlos todos seriamente identificados, al  revisarlos con profundidad me di cuenta de que los que había escrito era,  solo,  lo que estaba en la capa de arriba, su expresión superficial, síntomas,  y que lo que había más abajo era más doloroso, desconocido, y horrorosamente probable al unirlo a la posibilidad de que al cumplir mi propósito de vida, algo de esto llegue a pasar.   Y aquí voy a dar un ejemplo que me lleno de escalofrío: uno de mis miedos tiene que ver con ser torturada… donde yo vivo y con lo que hago estoy realmente lejos de que me metan en un cepo o me descuarticen, pero cuando la pregunta fue qué pasa si al meterte con pasión y con compromiso en cumplir tu propósito de vida o la misión que traes, pueda ser combatir en un frente de guerra (posibilidad cada vez más grande en nuestro mundo de hoy)… puffff : me vi amarrada al cepo y me sentí sufriendo un dolor intenso que me derretía y me llevaba al desmayo o la muerte súbita.  Mi miedo se hizo posible y lloré, lloré un llanto viejo, conocido.  Lo que antes era un miedo imposible se hizo vívido.  Así que entendí porque estaba ahí y de me estaba cuidando ese miedo.

Después de este primer ejercicio, dejé,  claramente,  de tomarme a la ligera mi lista de miedos y al recorrerlos encontré hechos de horror, como posibilidades dentro de mi vida, y empezaron a reconocer mi cuerpo miedos internos y  ancestrales que no conocía, todos posibles.

Hoy estoy aún en el análisis de la lista, porque su objetivo no es erradicar los miedos sino crear alertas de seguridad para que haga lo que haga y vaya tan lejos como vaya en mi propósito de vida no llegue a vivirlos, y lo que he concluido es:

- Que hay miedos por los que ya he pasado y que ya he superado.  Que me han hecho claramente más fuerte frente a este miedo y han creado una tolerancia más alta sobre los hechos que los ocasionan.

- Que siguen siendo miedos aunque sé que puedo superarlos, entonces cuando pregunto qué es lo peor que puede pasar (como dicta el ejercicio) ya no es tan fuerte, se que lo puedo pasar aunque el miedo está ahí y me protege de que no pase, pero se vuelve un miedo menor.  Lo que me hace concluir que estos, tal vez pueda pasármelos por alto arriesgándome a caer en uno más profundo.

- Que cuando pregunto sobre cada miedo ¿Qué es lo peor que me puede pasar?  las conclusiones están empezando a ser las mismas, es decir hay tres o cuatro miedos muy ancestrales y profundos que se detectan en síntomas o expresiones diferentes.

- También me di cuenta de que hay unos miedos pequeños que al analizarlos, a la luz de qué es lo peor que puede pasar es llegar a uno de los miedos grandes por ejemplo: hacer el ridículo tiene como fundamento volverme loca.

- Que los miedos referentes a mi cuerpo son casi inexpresables, y que recorren mi cuerpo de manera intensa y escabrosa con escalofríos que me dejan pegada del techo o derretida en el asiento.
- Que mis miedos a la magia negra, lo desconocido y las apariciones pueden tener consecuencias más allá de lo que me puedo imaginar o de lo que puedo entender.

- Que a mi Yo de hoy le da miedo hacer que  mi Yo del mañana se pierda, o tenga que pagar las consecuencias de mis malas decisiones de hoy.

- Que hay miedos pequeños que al hacer el ejercicio con un miedo profundo ya no se ven como miedos, y viceversa.  La locura se ve controlable y el ser traicionada en grandes dimensiones es un dolor intenso de dimensiones incalculables.  Por ejemplo si estoy haciendo algo muy importante y mi propósito está siendo importante y muy relevante y alguien me traiciona este miedo se convierte como un dolor en el corazón muy fuerte como querer morir o perderle sentido a la vida que es algo realmente profundo.

Una vez terminado el ejercicio, me sentí sobreactuada, dramática e intensa, pero la pregunta acerca de que vine a hacer al mundo y cuál es mi misión es tan profunda y poderosa,  y significa tanto para mi, que conocer y negociar con mis miedos ha sido un aprendizaje de mi misma de dimensiones universales y una oportunidad para entender porque hay partes de mi ser que están dispuestas a defenderme hasta de la muerte.

Lo que concluyo ahora es que ninguno de mis miedos es pequeño y que cada uno puede tener un sentido de dolor intenso en el momento adecuado.  Que los he creado para cuidarme a mi misma y que nos son mis enemigos sino que los tengo por una razón, defender lo que me importa.

También entendí que conocer mis miedos y sus consecuencias, me permiten poder enfrentarme a ellos con mayos tranquilidad, haciendo negociaciones conmigo misma de cuidar conscientemente lo a que esos miedos les importa, y así poder seguir adelante con mi transformación, mi propósito y mis planes de servir en el mundo.

 

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