Cuando nos hacemos viejos notamos que vamos perdiendo el control y que nuestras capacidades se van mermando, y nos aferramos con más fuerza a lo que conocemos, a nuestras formas de actuar, a nuestros hábitos y sobre todo a lo que sabemos y a nuestras formas de ser, tanto positivas como negativas, no solo porque las vamos practicando durante mas tiempo, sino también por el miedo a perdernos a nosotros mismos.  Nos aferramos por que creemos que esas formas de ser y hacer, estos filtros con los que miramos la vida,  es lo único que tenemos.   Sin embargo cuando vemos que podemos aprender,  soltamos lo viejo, perdemos una carga y la vida se nos abre como una flor.

Solo hay que permitir, permitirnos probar y explorar con pequeños pasos, que nos permitan ir dejando en paz las antiguas tradiciones y creencias.

El camino es difícil, pero el resultado liberador.

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